miércoles, 30 de septiembre de 2009

Entre armes y desarmes

por Gilberto Vega Zayas

A propósito del programa de las Naciones Unidas que junto con organismos no gubernamentales han implementado su conferencia anual que se desarrolla en su edición número 62 bajo el tema: “Desarme ahora, trabajemos por la paz y el desarrollo”, la versión local de ese programa internacional se denomina aquí en Ahome, Campaña de Donación y Registro de Armas de Fuego, en la que el Consejo de Seguridad Pública Municipal ha convocado, como desde hace ocho años lo vienen haciendo las autoridades, a que ciudadanos que tengan armas en su poder las registren quien quiera conservarla, o en su defecto las entreguen a cambio de dinero o equipo de cómputo, en algunos casos.
Obviamente que existen parámetros para extender el registro o no de un arma, pero el argumento según las autoridades es el peligro que corre la misma familia al ser poseedor de un arma de fuego al interior del hogar.
Y mientras que el armamentismo a escala mundial ha comprado boleto solamente de ida en este viaje de la disuasión, dicen ellos, así le llaman, porque disuaden, desaniman, desalientan que los otros, enemigos o no, se arman también con armamento nuclear, es decir, con armas devastadoras de pueblos enteros, las armas comerciales siguen fluyendo al por mayor desde los Estados Unidos, pues muy fácilmente se consigue allá y se introducen a nuestro país por la corrupción rampante a pesar de las reformas a la Ley Federal de Armas de Fuego que aumenta la penalización a funcionarios que permitan ese tráfico ilícito por la frontera norte.
La pregunta es si este jugoso negocio del tráfico de armas se está atacando con todo el peso de la ley o es una simulación más de las muchas que se dan en nuestro país. O lo que es casi lo mismo, darle al enfermo una aspirina para su dolor de cáncer.

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